Le Missionnaire 1894 Henri de Toulouse-Lautrec National Gallery of Art Revista Karandash

R-E-P-R-E-S-E-N-T-A-C-I-Ó-N. Palabra formada por seis vocales y ocho consonantes: la Real Academia Española la define como la “acción y efecto de representar”. Cuando leo esta definición lo primero que pienso es en el teatro, donde los hombres representan a mujeres, y las mujeres, a hombres. Durante un corto periodo de tiempo una mujer puede representar el papel del rey Macbeth, despojándose de manera voluntaria de su persona; cuando baja al escenario, regresa a su yo original.

La representación es hacer presente una idea, realidad o concepto a través de distintos medios: se puede representar algo dentro de las siete Bellas Artes o, sencillamente, a través de las palabras. Es curioso que este término se aplique para tantas ramas: en matemática, “representar” significa plasmar un dato o valor (como cuando piden que representemos un 1/8 en la ilustración de una pizza); en el teatro, es interpretar un papel o escenificar una pieza escrita; en derecho, es cuando se actúa en nombre de otra persona o institución (Saúl Goodman, abogado, va a representar a su cliente Lalo Salamanca), y nos podríamos ir todo el día poniendo más y más ejemplos.

En la mañana vi una imagen, proveniente de África, con un Lenin y un Marx pintados con piel morena: las personas se identifican con ellos a través de sus ideales. Cuando se estaba elaborando la imagen de la Virgen de Guadalupe, la inspiración artística venía de las pinturas europeas de vírgenes blancas, rubias y con cabello ondulado, pero se decidió pintarla de piel morena, cabello lacio y obscuro para que los indígenas se identificaran con ella a través de su físico, y lo lograron al punto que esa imagen permea todavía nuestra actualidad.

Nos podemos sentir representados por cosas, ideales, personas, obras de arte o hasta memes porque hay una conexión entre nosotros y ese objeto, hay un algo que nos conecta a través de la similitud entre nosotros y el objeto; también sucede que hay un sentimiento o un pensamiento, que ya teníamos, y a través de una obra de arte la podemos, por fin, enunciar, con el alivio (o sorpresa) ocasional de constatar que alguien pensó lo mismo.

Noto que a veces es incómodo cuando algo nos representa porque muestra nuestra sombra, partes desagradables de nuestra persona. En 2024 vi Seinfeld por primera vez; reía con las aventuras de este grupo de amigos, pero me incomodaba que George Constanza, personaje de moral dudosa, mencionara cosas con las que me sentía representada. Viendo Sex and the City me sentía un poco incómoda al ver que un personaje como Carrie Bradshaw representara cosas de mi personalidad. Claro, son personajes ficticios, pero hay una pequeña parte de la realidad en sus acciones y en sus palabras. Hay una gran diferencia entre la persona que era en 2024 y la que soy hoy en 2026; he cambiado, pero aprendí que las pequeñas cosas que entonces me representaban y no me gustaban las podía manejar de dos formas: abrazarlas con vergüenza o aceptarlas como punto de partida para el cambio.

Pienso también en la imagen de Michael Jackson: gracias a él la comunidad afroamericana se sintió representada. Un hombre negro de orígenes humildes ocupando espacios que no estaban hechos para él, como el canal MTV o las galas de los Grammys; un niño que lo vio en Motown, donde cantó también “Billie Jean”, pudo sentirse representado, gracias a las facciones de Michael, al contemplar a las masas rendidas ante él. Un gay que ve a Madonna cantar “Papa don’t preach to me” se puede sentir representado por su baile, su forma de comportarse o por algo más profundo como la letra de sus canciones. Una adolescente que se siente vacía y lee por primera vez la poesía de Pizarnik ya no se siente tan sola, pues descubre, en su escritura, que alguien sintió algo semejante. La voz de Michael o las letras de Pizarnik pueden representar una idea, una imagen, un movimiento o hasta un colectivo.

La representación va de la mano muchas veces con la identificación, aunque no son lo mismo. Una actriz representa a Macbeth, pero el público, acaso, no se sienta identificado con los problemas del personaje. Tal vez los problemas de Carrie Bradshaw (representada por una actriz en Sex and the City) no sean literalmente los nuestros, pero podemos identificarnos con sus conflictos amorosos, aunque físicamente no se parezca en nada. La identificación no proviene sólo del aspecto físico, sino de ciertas conductas, inseguridades o formas de pensar. Uno puede sentirse representado por alguien que no se le parece en nada gracias a las similitudes que encuentra entre sí mismo y el otro.

¿Por qué necesitamos sentirnos representados, y qué revela eso sobre nuestra identidad? Yo creo que necesitamos sentirnos representados (o sentir representadas nuestras ideas) por la necesidad de no estar solos, de crear una especie de colectividad, o por la simple sorpresa de saber que coincidimos con otra persona en algo: gracias a que varias personas se sienten representadas en algo o alguien se pueden crear grupos en donde se comparten experiencias. La representación nos permite soñar al sentirnos reflejados en una persona o en su obra. Nos permite reconocer nuestro espacio en el mundo y confirmar que nuestras experiencias no son únicamente nuestras. Es a través de la representación que reconocemos algo fuera de nosotros que pensábamos que era nuestro para descubrir que también le pertenece al otro.

☙

Henri de Toulouse-Lautrec, Le Missionnaire. Litografía a cuatro colores sobre papel vitela, 1894. (Vía NGA)

  • Angélica González Ramírez Revista Karandash

    Estudiante de Letras Hispánicas de la UAM IZTAPALAPA. Actualmente trabaja como colaboradora independiente para la editorial Artes de México y su trabajo se puede ver en el periódico digital Sin Embargo. Es escritora en sus tiempos libres y lectora voraz, también es fanática del cine y la música de Fleetwood Mac.

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