Ignace Joseph de Claussin REvista Karandash Philadelphia Museum

Introducción

Existen dos visiones sobre el antropomorfismo, ambas consistentes en asignar conductas aparentemente intencionales –con una proyección a futuro sobre sus consecuencias– a animales no humanos. En la primera se puede encontrar el origen de casi, si no todos los sesgos antropocéntricos, como pensar que animales no humanos sólo expresan tristeza como lo haría un miembro de la especie humana: mediante algo parecido a un llanto. Algunas especies no poseen lagrimales, por lo que no pueden producir lo que nosotros llamamos llanto; sin embargo, eso no significa que no experimenten algo similar a la tristeza. A su vez, otras especies podrían lagrimar por razones ajenas a la tristeza. Esta primera visión nos predispone a interpretar las conductas de otros organismos basándonos en cómo nos expresamos nosotros como especie, lo que nos sesga a los humanos y nos impide no considerar formas de expresiones distintas a la nuestras para otras especies.

Esta primera visión es más bien negativa, dado que limita nuestra visión acerca de las causas de ciertas expresiones conductuales. En la segunda visión, la asociación antropomórfica es entendida como una herramienta de estudio sobre la realidad humana, útil para plantear hipótesis por contrastación.

Análisis literario del antropomorfismo en animales animal

Procederé a hacer un análisis del antropomorfismo, basándome en diferentes poemas donde se antropomorfizan animales a través de algunas figuras retóricas para expresar propiedades de la naturaleza humana. Para ello seguiré el ejercicio realizado por Bernardo Esquinca en su ensayo “La costa plutoniana de la noche”, donde propone un sugerente análisis del poema El cuervo, de Edgar Allan Poe. Para Esquinca, el protagonista de El cuervo, acosado por un espíritu en forma de cuervo, en realidad está siendo torturado en el infierno por sus pecados. Su interpretación se basa en una lectura atenta del verso “la costa plutoniana de la noche”, de la que incluso extrae una geografía física del infierno.

Al final de este ensayo, señalaré mi propio punto de vista sobre el antropomorfismo de animales y por qué este continúa siendo un tema de debate importante para la bioética al describir la conducta de animales no humanos. Los poemas y textos mencionados no serán citados en su totalidad; solo serán explicitadas y traducidas por mí las partes relevantes para mi lectura. Aun así, invito a mi lector a repasar por sí mismo los textos mencionados y a contrastarlos con el sentido de lectura que yo les doy y a generar la suya.

***

En el poema “El tigre”, William Blake menciona los rasgos y nombres de varios animales: un tigre, un oso y las alas de algún animal. Sin embargo, a pesar de que explícitamente el poema se refiere a un tigre, a mí me da la impresión de que habla de una especie quimérica. En específico, el fragmento “¿Con qué mano osó tomar fuego?” me lleva a interpretar el poema de la siguiente manera: el autor no se refiere a ninguno de esos animales en particular, sino que describe su visión del ser humano y el conflicto que este experimenta al tratar de entender su propia naturaleza.

Continuo mi lectura del pasaje “¿… osaron sus mortales terrores dominar?”. Aquí encuentro una caracterización de la naturaleza del ser humano: su naturaleza es ser dominado por su miedo a no entenderse a sí mismo. Esta idea se refuerza con la parte final del poema, donde encontramos el siguiente verso: “¿Sonrió él al ver su obra? / ¿Quien hizo al cordero fue también tu creador?”. Considero que habla de dios formando el mundo –pero entendido como la naturaleza–, y en ella aparece el humano, donde proclama y a la vez se lamenta de que no puede vivir como el resto de los animales. Al mismo tiempo, Blake explica cómo imagina que viven los animales según su naturaleza, sin cuestionarse constantemente cuál es esta, y sin sentirse unas quimeras del mundo.

Esta lectura de la naturaleza humana como carente de sentido y, por lo tanto, hambrienta de significado, también se encuentra en el poema “Una araña paciente y silenciosa”. En él, Walt Whitman antropomorfiza a una araña y su conocida conducta de tejer redes, para compararla con su propia necesidad de sentido. “En inmensurables océanos de espacio … buscando sin cesar las esferas para conectarlas, hasta que tienda el puente que precisas … hasta que la telaraña que tú emites prenda en algún sitio, oh alma mía.”

Aquí encuentro el doble origen de toda antropomorfización: el acto de concebir a la naturaleza humana como carente de propósito, y ese espejeo constante con otros seres vivos que aparentemente también poseen alma, emprendido para superar aquel nihilismo.

***

Ahora, procederé a mostrar un ejemplo de cómo ocurre la antropomorfización cuando consideramos que algo tiene alma. En el poema “La grulla”, de Javier Peñalosa, un hombre revienta el cráneo de una grulla agonizante con un remo. Describe así el lamentable estado del animal: “Todavía sus ojos iban de un lado hacia el otro, / como si mirar fuera una forma de moverse, / de salir de ahí. / […] Yo no sabía de la lentitud agónica, / de esa forma de estremecerse más allá del dolor”.

El narrador del poema se siente culpable por este acto, pero al mismo tiempo experimenta una mezcla de tristeza y compasión: “Yo sentí una columna de frío subir despacio hasta mi nuca, / mis manos temblaron porque no sabían llorar, / y en mi alma, la misericordia / tuvo por primera vez el rostro de la vergüenza”. Al final del poema, muchos años después de ese evento, cuando su vida se encuentra en declive, compara su alma con una grulla que vuela cada vez más bajo por estar agonizante, y para la cual ya tiene preparado nuevamente el remo. 

El entendimiento del sufrimiento animal ocurre precisamente por la antropomorfización de los animales. En ese sentido, me parece certero el punto de vista de Tsung-Huei Huang, para quien la la antropomorfización no siempre tiene un carácter negativo, dado que muchas veces nos permite llegar a la conclusión correcta sobre cómo los animales no humanos perciben el mundo.

Esto nos lleva a otra posible interpretación de la antropomorfización. En contraste con el poema de Whitman, en el de Peñalosa los seres humanos pueden encontrar un sitio al que pertenecer con total naturalidad, y donde ya necesitan seguir espejeando hacia afuera. Esta idea podemos encontrarla, sobre todo, en su metáfora donde la araña reúne esferas del espacio para encontrar un lugar de reposo.

Sin embargo, esta forma de ver la antropomorfización no nos informa sobre todos los elementos naturales dentro del ser humano. Para ello, analizaré no un texto de tipo poético, sino un cuento y un artículo.

***

El artículo es obra de Mariano Querol “Lo humano e inhumano en el hombre”, se resalta la idea de las acciones inhumanas. Para este investigador, el humano trata de encontrarse a sí mismo siempre en pro de sus virtudes, pero nunca de sus aspectos negativos.

En el cuento “El lobo-hombre”, Boris Vian pone de relieve varios desperfectos de la existencia humana realizando el ejercicio inverso al de la antropomorfización. El cuento narra la historia de un lobo llamado Denis que vive en un parque natural cercano a París. Un día es mordido por un mago, y al volver a su cueva se transforma en humano. Al explorar la ciudad, encuentra extraños varios convencionalismos de la sociedad humana: imagina, por ejemplo, el diseño de las calles como tortuosos laberintos que dañan a quienes caminan por ellas de forma tanto física como mental. Casi al final de la historia, se encuentra con una de las caras más crueles de la humanidad. Una mujer lo incita a tener relaciones, y Denis descubre que más bien es guiado hacia una trampa.

Al finalizar el relato, Denis reflexiona, a su propia manera, sobre las cosas que le pasaron. No sufre emocionalmente como lo haría un humano, sino que se burla de todo lo que implica ser un humano. Sin lugar a duda, hay que tener cierto grado de misantropía para poder imaginar todo esto. 

Discusión

Considero que, al margen de las opiniones que, como la de Huang, abogan por un uso positivo de cierto antropomorfismo cuidadosamente observado, falseado y vuelto a revisar, es precisamente en la lectura de Querol donde, a mi parecer, se encuentra el mayor riesgo del antropomorfismo en pleno siglo XXI. Me refiero a que, al buscar conductas y motivaciones conductuales similares a las nuestras en animales no humanos, podemos encontrar aspectos completamente desagradables en animales no humanos que nos recuerden a nuestras propias fallas como especie y que no estamos dispuesto a aceptar, como recordaremos en el fragmento del poema Blake: “¿Sonrió él al ver su obra? ¿Quién hizo al cordero fue también tu creador?”

Pensemos en dos animales que suelen ser considerados crueles a la hora de cazar animales: los mamíferos marinos conocidos como orcas y los gatos comunes. Si fuera el caso que estos animales son crueles, este juicio de corte moral nos obligaría a actuar y a no dejar que el mundo natural trascienda; deberíamos intervenir. Sin embargo, tal parece que, para el ser humano, que ni siquiera sabe qué hacer consigo mismo, es casi imposible decidir qué debería ocurrir con la naturaleza que él considera prístina.

Conclusión

Actualmente está tratándose de cambiar la forma negativa en la que concebimos la antropomorfización; este es precisamente el punto dilemático para cualquier interesado en este tema. Puede que sólo podamos escapar de esto dejando de exaltar sólo las virtudes positivas del humano, pero no por eso “naturalizando” los actos crueles de los cuales el ser humano puede ser capaz. En otras palabras, debemos responder las preguntas: ¿Cómo conciliamos nuestros más profundos terrores con lo mejor que podemos ofrecer como especie? ¿Cómo podemos sentirnos cómodos cuando encontramos nuestras facetas más reprobables al espejear con las conductas de los animales no humanos?

Ignace Joseph de Claussin REvista Karandash Philadelphia Museum
Borrador de Ignace Joseph de Claussin. (Vía Philadelphia Museum of Art)

  • Camilo José Medina Ramírez

    Mi nombre es Camilo José Medina Ramírez y nací en la Ciudad de México en 1996. Me matriculé como Licenciado en Biología en la Facultad de Ciencias por la UNAM, especializándome en conducta animal. Actualmente estoy realizando mis estudios de Maestría en Ciencias Biológicas en el Instituto de Ecología, también de la UNAM. Hasta la fecha, he publicado tres documentos de tipo académico. Estos incluyen un artículo de investigación sobre la función del estado morfológico de las alas de un tipo de mariposas conocidas como Cabezas Falsas, un capítulo sobre el estado de conservación y turismo del programa de Pueblos Mágicos de México basándome en un análisis de redes sociales, y un artículo para el número especial de la Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, sobre el pensamiento del filósofo y naturalista Jacob von Uexküll. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2577-1138

    Colaboraciones +

Descubre más desde KARANDASH

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo