Singularidad. – Cuando el autoanálisis admite el hastío con el que uno se mueve la mayor parte de la vida, se siente esa aversión hacia uno mismo, naturalmente. Más allá de la repugnancia subjetiva, la vida es alegre e inocente, revela la fuerza de su poderío. No podemos negar que de la vitalidad emana una presencia jovial induciendo a nuestro ánimo a un estado abierto. El llanto, por su parte, sería aquel gesto con el que el ser humano subestima la existencia no como un milagro, sino como una obligación inobjetable. Aunque la inocencia nos seduzca a sopesar el llanto de otra manera, como afirmación, como fuerza, como ruptura contra la represión, la vida es menospreciada. Estamos aprisionados en la ilusión de que la vida es dura. Cada movimiento, cada paso y cada decisión la denigra. Pero la existencia no se explica por la materia, sino por la sensibilidad. ¡Un momento! No hemos pensado que una vida singular requiere de una sensibilidad singular.
Perspectiva mínima. – Al mirar una tarde decadente puede nacer la falta de sentido conquistada por el poder de la brevedad.
¡Mira hacia atrás! – Posiblemente, en el pasado mirar una estrella fugaz representaba la señal de que algo tenía que cambiar. Esto se ha perdido completamente en nuestros días. Nada impulsa o incita al cambio, antes bien todo se vuelve un obstáculo. Es inevitable el retroceso. El gran peso del pasado aplasta inevitablemente al ser humano del presente. La libertad se basa en entender si es una cura o una condena.
Restricciones. – El movimiento es libertad; la naturaleza es actividad; el ser humano, expresión corporal. El aire fluye sin oposiciones, el humano camina, gatea, corre, se mueve: ¡vive! ¿Cómo interpretar el baile? ¿Es un desafío contra las oposiciones? ¿Es libertad? El cuerpo tiene autocontrol, conciencia. La filosofía oriental lo interpretó como lenguaje. La fragilidad del cuerpo consistiría en guiarlo hacia una meta por vía de una ideología: si se conduce hasta allí se destruye completamente. Otro asunto diferente es analizar los diferentes tipos de bailes. El perreo tiende a fracturar fácilmente la moral antigua, pero quizá cualquier baile lo hace cuando aparece en un momento dado de la organización y estabilidad social. ¿Qué es lo que molesta o perjudica de un baile? La expresión corporal, la libertad con la que se mueve y se balancea el cuerpo: ya a un lado, ya hacia el otro. La colectividad se ve amenazada por no poder controlar el movimiento del cuerpo. La libertad es corporal.
Interpretación solitaria. – Cuando la soledad es incómoda la compañía de los animales se concibe como reflejo de compasión y de amor.
Góticos. – Dentro de la breve historia de las culturas suburbanas, el movimiento gótico afirmó romper estructuras sociales si se gozaba de una vida alterna. Allí el machismo tenía que ceder ante una vida romántica, oscura y solitaria, típica de una imagen común de la época victoriana. El vampirismo, el intelectualismo y la crítica eran el fundamento seguro con el que los góticos encontraban la respuesta a por qué una sociedad hipócrita rechazaba lo distinto, lo anormal. Era su forma de vivir y pensar. Curiosamente, el sistema contra el que lucha el feminismo es similar al que combatía el movimiento gótico. Sin embargo, el movimiento gótico ha desaparecido lentamente por absorción de las ideologías de masas. ¿El feminismo es una ideología? ¿No siguen una forma de vida, un mismo pensar? Usted puede sacar ya sus conclusiones.
Hipocresía– Toda crítica personal contra las instituciones es inexacta e hipócrita si después de todo se consumen productos culturales.
Alquimia actual– La sociedad es predecible: evita lo complejo, todo se transforma en sencillez. Quizá la política funciona bien cuando organiza mentes y voluntades. Sólo existe una regla: ¡imponer desde la vulnerabilidad! ¿Cómo se construyen las certezas? Posiblemente las redes sociales pueden instruirnos al respecto. Llamemos a su forma de obrar alquimia virtual. Una ideología se transforma en la única vía para pensar correctamente. Es decir, la ignorancia se transforma en saber. Pero, la reflexión se torna amenazante: invita al abandono de creencias. Si nuestra situación actual se adecua a la frase “dios ha muerto”, hay que considerar que la frase “el hombre no abandona a dios” es tan cierta, e interpreta de forma sugerente nuestra actualidad. Pocos se liberan de sus dioses. Dioses que alguien más construye perfectamente basándose en los límites de su conocimiento. Nuestro tiempo intelectualmente no obedece al “sapere aude” por su falta de entendimiento y comprensión. ¡Una empresa fallida, atreverse a pensar sin la tutela de alguien más! ¿Quién lo comprende? ¿Quién lo obedece? ¿Entendemos el peligro de creer? ¿De creer en alguien más? Ahora bien: ¡pueden reírse ya!
Sobre lectura – El siguiente fragmento de Sloterdijk plasma bien la imposibilidad de los pensadores de la modernidad para hablar con franqueza sobre el ser –sin duda, no se puede dejar de advertir aquí lo que Heidegger presumió como novedad en Ser y tiempo: el olvido de la pregunta por el sentido del ser–:
No nos achaquemos nada: toda la filosofía innovadora —con Nietzsche, Kojève, Bense, Foucault, Deleuze, los incomparables, y sus amigos como excepciones— no es más que una lista de excusas de por qué piensan los teóricos que no pueden coger la bola del ser. Cuando se trató de hablar de la indigencia del ser humano, los modernos nunca fueron precisamente tímidos a la hora de dar argumentos. ¿Cómo un ser lleno de deficiencias habría de salir al encuentro del ser? ¿Cómo podrían, enajenados, hacer frente a la abundancia, toda vez que en la vida falsa no hay nada correcto? ¿Cómo podrían, explotados, desheredados, despedazados, entablar diálogos directos con el todo? ¿Cómo seres humanos que se han hipotecado a la utilidad habrían de entregarse al absurdo lujo del existir? ¿Por qué habrían de preocuparse del ser después de que quedara establecida la preeminencia de la democracia sobre la ontología? ¿Qué pinta siquiera ahí una bola compacta, cuya presencia es imposible? ¿Y por qué habría uno de preocuparse por un todo del que los espíritus analíticos aseguran que no es más que un concepto formal o bien un fantasma narcisista?
—Sloterdijk, Esferas II
Si lo analizamos mejor, es desde la carencia del conocimiento sobre el ser que los modernos concibieron los límites de la humanidad. Fue un momento digno de encomio. Nada es estable: ni la valoración moderna ni la venidera. Por esta razón, la posmodernidad ha dado un paso más y ha puesto el sentido del ser en una vacuidad informe dispuesta a ser comprendida por una voluntad abierta. El ser humano es libre y la excusa de su identidad oscila entre la ausencia de la divinidad y la ignorancia. Por lo menos lo divino se corrobora en el firmamento, en el espacio-exterior que es contenido y que niega la soledad. Por último, al humano le preocupa su ser en el mundo, mundo en el que se ve obligado a satisfacer sus intereses propios y en el que desafortunadamente debe cumplir un propósito para evitar ser llamado inútil por sus coetáneos.
☙

