Pensar la amistad en medio del horror implica hacer un esfuerzo por no ceder terreno frente a quienes hacen del sufrimiento y la muerte un negocio psicótico; implica recordar que luchar por la vida no es, incluso ante el colapso inminente, un esfuerzo inútil. Por otro lado, pensar el fascismo implica dar cuenta de que la catástrofe ya ha advenido y podemos constatarlo diariamente desde nuestros dispositivos móviles, pero también en nuestros entornos más cotidianos. Por tanto, pensar la amistad y el fascismo juntos resulta un lugar incómodo. Y esa incomodidad me parece en sí misma filosófica cuando se plantea como pregunta: ¿es posible ser amigo de un fascista?
En dado caso, el intento por responderla no es más que un esfuerzo por no dejar de pensar colectivamente en un contexto en el que el genocidio fascista se ensaña con los más débiles [aunque siempre conservan su propia fuerza de re-existencia] y el mundo contempla impotente la barbarie. Esa impotencia nos ha dejado sin respuestas, pero precisamente porque se nos han agotado las preguntas a fuerza de desdeñarlas. Así que este texto breve es un esfuerzo más por continuar preguntando sin otra pretensión que seguir con el problema, como diría Donna Haraway. Para este [des]propósito [im]posible no he encontrado mejor aliado que Spinoza, judío heterodoxo, filósofo incómodo, el Cristo de los filósofos, como bien lo han nombrado Deleuze y Guattari, quien desde su Ética nos ofrece algunas claves para pensar la amistad y sus potencias de vida.
Dada la imposibilidad [táctica] de ir directamente a la pregunta, he optado por avanzar desde dentro de ella misma, fragmentarla, hacerla explotar a través de una serie de preguntas que asimismo la [des]componen y que permiten avanzar, lenta y paulatinamente hasta, por fin, plantearla. Tal vez, para una mejor comprensión de este movimiento cartográfico de preguntas, convenga a la lectora ir primeramente a ellas para identificar el mapa de ruta, más allá de que después pueda hacerse con él lo que se quiera.

¿es posible ser amigo de un fascista? El ser humano, para Spinoza, es una afección o modo de existencia que expresa los atributos infinitos de una única sustancia: Dios o la Naturaleza. Dios no es trascedente, es inmanente [está en las cosas]. Para Spinoza, a diferencia de Descartes, la mente y el cuerpo no son dos sustancias separadas y jerarquizadas, sino atributos de una misma sustancia. Somos seres sentipensantes: el cuerpo piensa, la mente siente. En este abigarramiento de la existencia, el ser humano no es jerárquicamente superior a ningún otro existente, sino que, en tanto ser afectivo [afectado y afectante] depende de las relaciones que establece con los otros seres en el mundo [igualmente afectivos]. Por tanto, un cuerpo [una afección o modo de existencia] se va a diferenciar de otro solamente por sus potencias [lo que puede]: un cuerpo no se define por lo que es sino por lo que puede. En ese sentido, el ser humano y una piedra tienen la misma dignidad ontológica, aunque pueden cosas distintas respecto a sus cualidades, pero sobre todo producto de las relaciones [de afección] que establecen con otros modos de existencia: la piedra es afectada y, por tanto, puede cosas distintas en relación con el agua, el viento, una piedra más dura o blanda o los organismos que componen la tierra donde eventualmente se encuentre. Por tanto, la potencia [lo que un cuerpo puede] siempre está en acto [distancia con Aristóteles]. En el acto de existir, está ya la potencia. Del poder ser al ser puede. Una piedra no se define por abstracción [su esencia] sino por su inmanencia [su potencia]. El conatus [la potencia] es un esfuerzo por perseverar, persistir y vivir de todos los existentes. La piedra se esfuerza por perseverar. En el ser humano, el conatus se expresa como deseo. El deseo, en Spinoza, no es carencia [deseo de lo que no se tiene], sino fuerza, potencia de creación como conciencia de los apetitos. El ser humano expresa su existencia en las potencias advenidas del deseo.
¿es posible ser amigo de un fascista? Pero Spinoza sabe que el ser humano es afectado por diversos apetitos y pasiones [afectos]. Un afecto es todo aquello que aumenta o disminuye las potencias de obrar de un cuerpo [y las ideas de esas afecciones]. Sin embargo, comúnmente no tenemos conciencia clara y distinta de las causas y los efectos de esos afectos [somos, dice Spinoza, causa inadecuada de nuestros afectos]. Por tanto, experimentamos las afecciones y sus afectos como pasiones. De tener conciencia clara y distinta de las afecciones que experimentamos [ser causa adecuada], estaríamos en el ámbito de las acciones. Pero los seres humanos solemos experimentar la existencia mucho más comúnmente a través de las pasiones, ya que desconocemos las causas de lo que nos afecta y nos conmueve [lo que nos pone en movimiento]. De esta forma es que solemos conducirnos inadecuadamente cuando somos presa de nuestras pasiones: el viento ligero en el rostro me alegra y lo busco, pero no conozco la causa por la cual me produce esa afección. Experimento el viento en el rostro como una pasión alegre [lo mismo para lo que nos entristece o encoleriza]. Sin embargo, para Spinoza el camino para alcanzar la libertad pasa por el esfuerzo de ejercer la razón. Este género de conocimiento [la razón] implica el esfuerzo por conocer las causas de lo que nos afecta y, en consecuencia, obrar. En tanto que el deseo [conatus] es el esfuerzo por perseverar [por vivir], el ser humano buscará entonces relacionarse [componerse] con aquellas afecciones que aumenten sus potencias de creación, imaginación, acción [de vivir]. El afecto que aumenta las potencias de obrar, actuar y vivir del ser humano es la alegría. Por el contrario, es la tristeza el afecto que disminuye esas potencias. De este modo, un ser humano libre utiliza la razón para aumentar sus potencias de vida vinculándose con otros existentes, particularmente humanos [pero no solamente] cuya composición múltiple y heterogénea aumente las potencias alegres y la vida de todos quienes de esta forma se vinculan. Esta composición de relaciones alegres que aumentan las potencias de vida [amar y cuidar la vida] es la amistad. Por tanto, la amistad es producto de la libertad y el uso de la razón en tanto búsqueda de relaciones y composiciones entre los seres [humanos y otros] que aumenten las potencias de vivir.

¿es posible ser amigo de un fascista? Pero el deseo [conatus] no es en sí mismo [ontológicamente] liberador. El deseo es un movimiento, un esfuerzo sin objeto. Por tanto, dependiendo de sus relaciones de composición, el deseo puede ser conducido a la alegría [aumento de las potencias de vivir] o a la tristeza [disminución de las potencias de vivir]. Para Spinoza, la alegría produce amor [más de phílos que de eros, amor como amistad], en tanto que la tristeza produce odio [el odio es una tristeza que se acompaña por la idea de su causa exterior]. El capitalismo en su fase apocalíptica [el colapso es inminente] produce subjetividades tristes [precarización existencial] que ante la experiencia vivida como incomprensión [causa inadecuada] de las raíces [estructurales: políticas, económicas] se transforma en un odio cuya idea de causa exterior se materializa en el otro como enemigo deshumanizado: migrantes, mujeres, sujetos racializados, pueblos originarios, pueblo palestino [devenir-Palestina del mundo]. El capital odia a todo el mundo [Lazzarato dixit], y su forma apocalíptica fascista adviene en deseo de muerte. El deseo ha devenido represivo [¿por qué el deseo desea su propia represión?, se preguntan Deleuze y Guattari]. Es la fuerza del deseo fascista. El malestar del mundo [precarización, subjetividades tristes] es entonces orientado [fuerza conducida, extracción física y psíquica] por los discursos de odio hacia otros igual o más débiles, precarizados y explotados [tristeza que produce más tristeza]. El fascismo es el flujo absoluto de la muerte.
¿es posible ser amigo de un fascista? Pero el fascismo no es una cualidad únicamente exterior [molar, estructural, macro]. El fascismo de Estado solamente se sostiene por la circulación del deseo fascista a escala de los cuerpos y los afectos. El truco preferido del fascismo: la pretensión de que no es algo que nos habite [los fascistas son los otros]. Es muy fácil ser antifascista a nivel molar, dicen Deleuze y Guattari, sin ver nunca el microfascista que podríamos estar cultivando y mimando sin darnos cuenta [un deseo inconsciente de tipo fascista, o reaccionario, puede coexistir con un deseo consciente revolucionario, añaden]. Ser el más revolucionario a nivel macropolítico no evita ser un fascista a escala micropolítica [en la familia, la pareja, el trabajo, en el barrio, en los espacios de militancia, con los amigos]. Por eso es engañosa y peligrosa la dicotomía [¿cuál no?] derecha-fascista/izquierda-revolucionaria. También hay fascismo de izquierda: derecha [fascista-izquierda] revolucionaria. Por tanto, es imposible acabar con el fascismo a nivel molar [macropolítico] sin combatirlo también a escala de los cuerpos, en las formas en las cuales circula el deseo, sus orientaciones y producciones. El deseo no es carencia, es creación [pero no sabemos de qué]. Nadie ha determinado lo que puede el cuerpo, dice Spinoza, que no es sino otra forma de decir que nadie sabe lo que puede el deseo. El deseo es el esfuerzo por perseverar, pero cuando el otro es un enemigo, la perseverancia deviene supervivencia. El otro como competidor es la base que sostiene la productividad exacerbada que conduce al colapso psíquico de nuestros días [estrés, ansiedad, burnout, depresión]. Cuando la competencia se junta con la supervivencia, la muerte se cuela en nuestras relaciones afectivas. Competir hasta con la persona amada y el amigo [la deuda del amor, el amigo devenido socio]. Vencer o ser vencido [matar o morir como oferta del capitalismo apocalíptico fascista].

¿es posible ser amigo de un fascista? ¡No tengo fuerzas para rendirme! [Santiago López-Petit nos hace gritar con Artaud]. No se puede reprimir o suprimir un afecto con el mismo afecto [no se puede vencer el odio fascista odiando a los fascistas]. Un afecto, dice Spinoza, solamente puede reprimirse o suprimirse con un afecto contrario y más fuerte. La tristeza y el odio solamente pueden desplazarse con alegría y amor [no, no vamos a salir a abrazar a los fascistas, pero tampoco tengo fuerzas para rendirme]. El fascismo es una fuerza de muerte. No se puede entrar en relaciones de composición con el fascismo. El fascismo descompone mi existencia, disminuye mis potencias, mi fuerza [pero no tengo fuerzas para rendirme]. Combato al fascismo [que es otra forma de decir que amo la vida]. La macropolítica antifascista cuenta las derrotas por millares mientras mira el genocidio en Palestina desde sus dispositivos móviles. Es impotente. No puede. La fuerza destructiva del fascismo de Estado, del fascismo devenido en fuerza de guerra ha demostrado ser imparable. Quien espera algo de la co[in]munidad internacional de Estados, no ha comprendido nada [“Bifo” dixit]. Pero, al mismo tiempo, el odio a los fascistas en sí mismo es inoperante [pero tampoco quiero salir a abrazar fascistas]. ¡No tengo fuerzas para rendirme! No se puede ser amigo del fascismo [¡faltaba más!]. ¿Pero es posible ser amigo de un fascista? [muerdo a mis amigos para salvarlos, grita Diógenes de Sinope]. No quiero salvar al fascismo [espero que sobre la aclaración], pero quiero morder a los fascistas. Un fascista no querría ser mi amigo, porque el fascismo no crea amistad, produce socios [la vida y la muerte como negocio]. Pero sí querría morder a un fascista para salvarlo [de su fascismo]. No quiero ser un héroe de nada. Solamente quiero morder a algunos fascistas [no tengo fuerzas para rendirme, pero tampoco para morderlos a todos]. Foucault escribe un bello texto que nos ayuda a vivir una vida no fascista, pero no sabemos cómo hacer que un fascista viva una vida no fascista. No se trata de convencerlo, de argumentar, esto no sirve frente al fascismo [incluso si repartiéramos a todos los fascistas el texto de Foucault]. Es un asunto de afectos y deseo, no de conocimiento. El fascista sabe lo que implica el fascismo y lo desea. Desea la muerte, incluso puede que desee la suya si es necesario. El fascismo, como el capitalismo, es suicida. Pero no puedo esperar a que acaben con la vida: no me sirve odiarlos y no quiero abrazarlos. Quiero morderlos para salvar[l/n]os. Un afecto solamente puede ser reprimido o desplazado por un afecto contario y más fuerte [Spinoza, el judío heterodoxo, lo sabe]. Crear espacios de amistad en el horizonte del colapso. Vivir con alegría reconociendo la inminencia de la catástrofe en curso. Contarnos cada día una historia para postergar el fin del mundo [paracaídas de colores ante la caída irremediable, dice Ailton Krenak]. La amistad como contagio. ¿Es posible ser amigo de un fascista? [pregunta terrible]. Hay preguntas que formulamos no para responderlas sino para mantenerlas vivas. Preguntas estratégicas. Donde el fascista produce tristeza y odio, opero una táctica alegre y amorosa. La amistad como horizonte: donde el fascista me ofrece la muerte, yo le propongo la amistad [que es otra forma de decir la vida]. La amistad como horizonte: pero el horizonte no está en el futuro, es el porvenir que opera y crea en el presente [Deleuze dixit]. No está siempre más allá, sino inminentemente ahora. La amistad ahora, junto a la muerte [del fascista]. Lucha, esfuerzo, perseverancia en tensión. ¿Cómo ser amigo de un fascista? [que es como preguntarse ¿cómo hacer que un fascista sea afectado más [fuerte/intensamente] por la vida que por la muerte?] Amistad ahora. Zonas Temporalmente Autónomas, dice Hakim Bey. El fascismo no es irremediable, es una fuerza deseante. Reconducir las fuerzas deseantes de la muerte hacia otras direcciones, otros páramos, una nueva tierra. Combatir a los fascistas y sus Zonas Suicidas de la Muerte al mismo tiempo que construimos Zonas Perdurables de Amistad, donde eventualmente, quizá, la respuesta pueda ser sí.


Luis Jaime Estrada Castro
Fakelósofo de vocación y bebedor de café por profesión. Escribo porque leer me cansa, y viceversa. No soporto las prisas ni los plazos límite. Introvertido pero funcional. Sin mis amigxs me pierdo en el mundo. ¡Viva Palestina libre!
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¿Es posible ser amigo de un fascista? Una [im]posible respuesta desde Spinoza

