Imagen narrativa [1]
Una legendaria civilización al otro lado del Lago //
es sepultada por el asfixiante concreto que construye un centro comercial //
el acueducto del rey hoy vende rollos de sushi 3×2 los miércoles; //
y la gente hace rutinas de pilates debajo del palacio de Nezahualpilli //
“Todo rastro de cultura, es un rastro de barbarie”.
El turismo mata; el turismo es el culmen del exotismo; el turismo no quiere conocer al otro sino el rastro verificable de un momento fugaz; el turismo desprecia todo aquello que no está incluido en el package de lo que tiene preconcebido o idealizado. Pero no hay turismo responsable si éste no responde a la memoria histórica. El turismo es despojo de la riqueza cultural por la economía en el puño de unos cuantos fariseos malintencionados. Los pueblos pueden reservarse el derecho de su Historia.
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La ciudad imaginada: la ciudad de la gente de bien, que margina a las sombras lo mundano; la ciudad imaginada crea un proyecto civilizatorio; un proyecto de gubernamentalidad con epicentro en el nivel de ingreso; ciudades insaciables: espacios sin habitabilidad, fraccionamiento irresponsable; allanamiento del “baldío”; el fraccionamiento es la fosa común de la vida que no fue contemplada, la vida que no valía la pena; nadie recuerda a los ecosistemas cuando la ciudad es perfecta; no hay proyecto de mejoramiento del espacio si no se incluye a los pueblos; todo lo demás es un jardín de mal gusto sembrado con gasto público
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El Estado y el negocio; los negocios del Estado, los estados del Negocio; vender lo que aún queda al precio más bajo; no hay legitimidad en un rescate cuando ha habido décadas de abandono sistémico para sus comunidades; el problema es el desarraigo, romper vínculos comunitarios. No hay “rescate” porque, entonces, ¿quién apagó el incendio aquella noche?, ¿quien conectó en el pueblo el agua potable esa temporada?, ¿quién vino a resolver los problemas cotidianos? ¡Mas ahora sólo vienen y quieren arrebatar todo por dinero!
Imagen narrativa [2]
Las palabras crean mundos //
una palabra puede ser una cárcel; //
puede ser un Aurora; //
por eso las palabras son también armas de lucha //
para decir “ecocidio” ahí donde otros enuncian “progreso”.
La montaña está viva; la montaña no es un recurso; la vida no es un negocio; la ciudad se devora las costumbres; el negocio no entiende que sólo se trata de vivir feliz. No hay un otro. La montaña somos todos; el Tezcutzingo somos todos y si todos no decidimos qué hacer entonces es un robo.
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El extractivismo ve rendimientos donde hay Historia; exprime y se va; se lleva el dinero y deja los problemas. El turismo nos vuelve extraños en nuestra propia tierra, ajenos a nuestra propia lengua. El desarrollo inmobiliario es el negocio a costa del territorio y el despojo.
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Si un pueblo renuncia a su historia, sepultan memoria, cuerpos y territorios en la penumbra. Se vuelven espectros desolados. Dejar sin historia es dejar sin nombre. Y si eso ocurre “ni siquiera los muertos estarán a salvo”. La montaña se salva por la autogestión… Si somos la montaña y somos autogestión. La autogestión es la responsabilidad frente al territorio, frente a nosotros mismos.
Asambleas.
Organización comunitaria.
Resistencia civil.
#YoPrefieroTezcutzingoSagrado
☙

Gandhi Monter

Tiene interés por los dibujitos de bajo presupuesto y depresivos de origen asiático; la filosofía de la ciudad; el blues y las sonoridades marginalizadas.
