Revista Karandash Alexandra de Leon Micrographic Design in the Shape of a Labyrinth Vía The Met Museum Mesianismo en la 4T

Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas… lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás.

William Faulkner

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La presidenta de México ha de estar encantada con los gobiernos de ultraderecha en el continente: su hostilidad a los principios de justicia social es tan descarada que, en comparación, nuestro país parece la meca del progresismo. El desarrollo económico del capitalismo ha producido las condiciones idóneas para liberarnos de la tiranía del trabajo –la fortuna de Carlos Slim o de Elon Musk bastarían para acabar con el hambre en el mundo–, lo que no ha sido obstáculo para que el gobierno de Javier Milei haya propuesto una reforma que extiende la jornada laboral de 8 a 12 horas. Los acólitos del gobierno de la 4T comparan la reforma de Claudia Sheinbaum, cuya meta última es reducir la jornada de 48 a 40 horas para 2030, con la de su homólogo argentino (que, entre otras cosas, permite al capitalista pagar en especia) como un triunfo histórico para la clase trabajadora. En tierra de ciegos, el tuerto es rey.

“La demanda de los trabajadores histórica había sido 40 horas, y estamos cumpliendo”, dijo la doctora Sheinbaum al ser cuestionada sobre el hecho de que la reforma no incluya dos días de descanso obligatorios. Un senador de Morena declaró, en defensa de la reforma, que ésta permite al trabajador negociar con su jefe, lo que garantiza, para ambas partes, un principio de libertad. El trabajador es libre de vender su carne al mejor postor, pero su libertad y la del capitalista no son iguales: cuando no se llega a un acuerdo, el empleador es libre de no contratar al/la postulante, y éste/ésta de buscar otro empleo… Claudia se reunió con empresarios para ajustar la reforma a sus necesidades… cierto que también se reunió con líderes sindicales, pero estos han manifestado (con todo lo charros que son) su desacuerdo con la reforma, y cuando la presidenta se enfrenta con los deseos manifiestos del proletariado (nuestra exigencia de contar con dos días de descanso), los descarta frente a la realidad de la “demanda histórica”, del mismo modo que un transfóbico descarta la experiencia trans diciendo no que les trans estamos equivocades, sin que sencillamente no existimos, sino que estamos confundides.

Lx obrerx (e invito a lxs lectorxs, si tienen como yo una obsesión por la oralidad, a pronunciar estas palabras en su mente tal como están escritas) bien puede declinar la oferta del empleador (intencionalmente lo dejo en masculino: empleadores y empleadoras abusives son, a fin de cuentas, patriarcales), ¿pero qué puede esperar del resto de capitalistas, preocupados por la productividad que les permiten mantener su estilo de vida, y amparados, además, por la alianza entre el gobierno y la clase empresarial?

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Marx y Engels proponen una suerte de oportunismo político: en Alemania lo más revolucionario, en cierto momento de la historia, era apoyar a la burguesía, pues las condiciones materiales de su territorio no eran idóneas, aún, para emanciparse del capital: Apoyamos a los burgueses para, después, derrocarlos. Tal pareciera ser la actitud de gran parte de la izquierda mexicana: El gobierno de Morena no es perfecto, pero en este momento histórico no podemos hacer más… tanto Claudia como AMLO, conocedores de las leyes de la historia, hacen concesiones a la clase capitalista para generar las condiciones idóneas que, más tarde, conducirán a la superación efectiva del neoliberalismo, dice el acólito (oportunista) de la 4T. Sin el apoyo de la clase empresarial, no habría posibilidad de que un gobierno de izquierda avanzara su programa político. La congruencia absoluta no es factible: AMLO podía gritar “¡Que se vayan al diablo las instituciones!” antes de ocupar la silla, pero actitud semejante sería la ruina política. No puede una ponerse a las patadas con las mulas: hay que ceder tantito.

 ¿Pero qué tanto es tantito? ¿En qué momento la prudencia (oportunista) de la izquierda se convierte en complicidad con el régimen dominante? Pese a que firmé y recaudé firmas para una iniciativa ciudadana que demanda el Gobierno de México el cese de relaciones con el estado ilegítimo de Israel, comprendo la postura conciliadora de la presidenta: ¿qué puede una república bananera contra la hegemonía gringa-israelí? La actitud de Sheinbaum –cuyas recientes declaraciones contra el papel fallido de la ONU como garante del Derecho Internacional aplaudo– me parece, en última instancia, prudente: Petro puede permitirse una actitud claramente contestaria frente al Imperio por la sencilla razón de que Estados Unidos no colinda directamente con Colombia. La diplomacia de Sheinbaum y de López Obrador es, quizás, el mayor acierto de Morena: nos ha salvado –ahora sí– de convertirnos en Venezuela (o en Irán). ¿Pero es necesario, más allá de la mera prudencia, que el Gobierno de México pacte con Israel para el desarrollo de sus tecnologías de inteligencia artificial?

¿No trascienden a menudo las concesiones de la 4T al imperialismo gringo-israelí el mero objetivo de la supervivencia? Si aún mantengo cierta confianza en el gobierno de Morena, ésta se cifra –entre otras cosas– en la habilidad diplomática de sus mandataries para evitar una abierta militar contra nuestro territorio –o una complicidad sin ambages con el Imperio, como cabría esperar de un gobierno prianista–, ¿pero es posible justificar todos los actos de la presidenta con este argumento?

Filósofas feministas ya han señalado la trampa de celebrar sin cuestionamientos a las mujeres en el poder. Isabel II de Inglaterra y Angela Merkel de Alemania bien pueden inspirar a las mujeres a ocupar puestos de poder, pero estas líderes replican estructuras patriarcal-colonialistas: de nada sirve una jefa de Estado que, con perspectiva de género, administra la muerte de cuerpos sin importancia –las niñas asesinadas por los bombardeos a una primaria en Irán–, no menos que una CEO que oprime a hombres y mujeres de la clase trabajadora. ¿No podríamos decir lo mismo de un gobierno que, bajo la bandera de la izquierda, permite –y facilita– la gentrificación y el despojo, como ocurre actualmente en México con el pretexto del mundial, “promesa de derrama económica”?

El 2026 será un punto de quiebre para la promesa de la 4T: ¿cómo mantener la promesa de transformación frente al proyecto de limpieza social de Clara Brugada y la promesa de la presidenta de la República de garantizar a les turistes “el mejor momento de su vida” cuando, para ver el Mundial, renten un Airbnb al coste del derecho a la vivienda de les habitantes del país? Frente al estallido de violencia que siguió a la muerte del Mencho, la principal preocupación de la presidenta ha estado en asegurar la viabilidad del Mundial…

No hay que dividir a la izquierda: socavar la confianza en la presidenta abre la puerta a la ultraderecha… ¿Pero qué ocurre cuando bajo la bandera de la izquierda se implementan políticas neoliberales? El adagio de la izquierda institucional culpabiliza a la oposición –la de a de veras: no la que acusa a la 4T de comunista, cuando claramente se alinea con la clase capitalista– de traición a la patria, sin considerar la legítima decepción del proletariado frente a las promesas incumplidas.

La prensa francesa, harta del gobierno de Macron, presenta el gobierno de Claudia como ejemplo de progresismo: la lógica de “lo menos pior” sirve, acaso indirectamente, a los intereses del régimen, donde los cambios son meras reformas tendientes a mantener un capitalismo con rostro amable.

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Todo parece indicar que, en las próximas elecciones, la izquierda tendrá que elegir otra vez entre la ultraderecha y Morena, representada por Clara Brugada o por Omar García Harfuch: la mujer que ha hecho prioridad de su gobierno garantizar la celebración del Mundial sin atender la crisis del derecho a la vivienda, o bien un policía cómplice de la fabricación de “la verdad histórica” del caso Ayotzinapa. Frente a la disyuntiva de anular mi voto, votar por Morena o por Ricardo Salinas Pliego, es triste que la mejor opción (la que al menos, cabría esperar, “garantice” los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTQ+) sea votar por Morena… por no contar con el avance de nuevos partidos de ultraderecha para alcanzar el registro (cuyas grandes propuestas incluyen la oposición al derecho al aborto y la vuelta a los valores cristianos que “la mayoría de la población aprueba”).

Frente a semejante panorama, se echa de menos la construcción de una auténtica alternativa de izquierda, que salga de la ilusión de que es la traición de les votantes la que ha asegurado el ascenso de la ultraderecha en Latinoamérica: los gobiernos de izquierda han contribuido a la catástrofe; no es –solamente– por alienación que muches venelozanes han celebrado la caída de Maduro, sino por sus notables errores políticos. Maduro, nos guste o no, era un dictador, lo que no significa que su captura ilegal por Trump, otro dictador, haya sido una opción legítima: la historia se repite como farsa, y hay quien celebra el intervencionismo gringo como seguramente celebra la liberación de Mesoamérica respecto al Imperio azteca por parte del Imperio español. Si en las próximas elecciones viramos hacia la ultraderecha, no será solamente por la acción retrógrada de la misma, sino por el exceso de complicidad de un gobierno de izquierda con las exigencias del neoliberalismo, pero también por la impotencia de la izquierda para consolidar una verdadera oposición.

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Signo de esperanza es el esfuerzo del Partido Comunista de México (poco difundido por los medios) de obtener el registro. Hace falta recordar que la revolución no vendrá de manos del oficialismo: sea quien esté en el gobierno, necesitamos una oposición, y ésta no puede quedar en manos de la ultraderecha. La tragedia de la 4T es que, en cuanto AMLO asumió el poder, nos quedamos sin aquello que el expresidente representó para México durante los gobiernos de Peña y Calderón. Mi esperanza está en que dicha figura no se limite, esta vez, a un individuo: la izquierda debe perder el pudor de oponerse, por el bien de la izquierda, a su gobierno de izquierda.

☙

Revista Karandash Alexandra de Leon Micrographic Design in the Shape of a Labyrinth Vía The Met Museum
Diseño micrográfico con forma de laberinto. Forma parte de un álbum de 26 ejemplos de caligrafía y micrografía, cuya creación se sitúa probablemente en Francia o, tal vez, en Amberes, a principios del siglo XVII. El texto del diseño está escrito en francés con letra cursiva y comienza con las palabras «L’homme prudent (…)». (Vía The Met Museum)

ALEXANDRA DE LEÓN

Actriz, filósofa y escritora. Entidad transfemenina no binaria, ostenta el título nobiliario de Su Alteza Real Alexandra de García, La Princesa de León, al que renunciará al día siguiente de la revolución comunista, para adoptar el de Princesa Reinante de la dictadura del proletariado.


  • Alexandra de León KARANDASH

    Actriz, filósofa y escritora. Entidad transfemenina no binaria, ostenta el título nobiliario de Su Alteza Real Alexandra de García, La Princesa de León, al que renunciará al día siguiente de la revolución comunista, para adoptar el de Princesa Reinante de la dictadura del proletariado.

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